A l nacer, el medio que nos recibe tiene la difícil tarea de crear un clima propicio para que el bebé se desarrolle. Desde la vivencia del recién nacido, no hay un “Yo” ni un mundo externo, sino sólo un montón de estímulos e impulsos que buscan su descarga para aliviar la tensión. En la medida que todo vaya bien el infante experimentará su propia omnipotencia cada vez que sus necesidades sean atendidas favorablemente ya que serán satisfechas dentro de lo que el bebé siente que le es propio. Es decir, el bebé comienza a vivenciar su “omnipotencia narcisista” cada vez que se calma. De esta manera, a medida que vaya creciendo, el niño aprenderá a desplegar confiadamente sus impulsos y descubrirá, de a poco, el mundo externo a la vez que irá estructurando su identidad corporal. Al patalear, por ejemplo, el niño no sólo descubre el cuerpo del otro sino también los límites del su propio cuerpo. La primera forma de identidad a la que accedemos, ento...

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