A l nacer, el medio que nos recibe tiene la difícil tarea de crear un clima propicio para que el bebé se desarrolle. Desde la vivencia del recién nacido, no hay un “Yo” ni un mundo externo, sino sólo un montón de estímulos e impulsos que buscan su descarga para aliviar la tensión. En la medida que todo vaya bien el infante experimentará su propia omnipotencia cada vez que sus necesidades sean atendidas favorablemente ya que serán satisfechas dentro de lo que el bebé siente que le es propio. Es decir, el bebé comienza a vivenciar su “omnipotencia narcisista” cada vez que se calma. De esta manera, a medida que vaya creciendo, el niño aprenderá a desplegar confiadamente sus impulsos y descubrirá, de a poco, el mundo externo a la vez que irá estructurando su identidad corporal. Al patalear, por ejemplo, el niño no sólo descubre el cuerpo del otro sino también los límites del su propio cuerpo. La primera forma de identidad a la que accedemos, ento...
L a identidad es lo que permite al individuo sentirse él mismo y además participar de lo social, pero por medio de ella sentirse diferenciado de los otros. Nos conectamos con el otro por medio de la identidad. Erikson define el término “Identidad” como “la capacidad del yo de mantener la continuidad y mismidad en presencia de un destino cambiante”. El yo tiene que ir elaborando pérdidas, aceptando ganancias, restableciéndose, en última instancia, de los transitorios trastornos en la identidad. Seguir leyendo... Tribus urbanas Identidad negativa